Aprender a observar.

Muy buenas cuadrilla!!

A punto de arrancar una nueva semana de clases, de prácticas, toca poner rumbo al tema para reflexionar.

He pensado que se habla mucho de que “tenemos que observarnos” pero aunque el yoga, la psicología y otras herramientas dan pistas de qué y cómo observar, no siempre queda claro.

Siguiendo en esa línea he seleccionado un par de textos que iremos descubriendo en las clases, para que cada uno los “mastique” y saque el mejor provecho de ellos.

Este es el primero. La verdad, se que ha salido de internet pero no apunté la fuente y no lo recuerdo.

Habla de la importancia de dirigir adecuadamente nuestra atención en las situaciones de la vida.

Dice así:

Los procesos de transformación se pueden vivir de muchos modos distintos.

Hay personas que los viven con mucha resistencia de su personaje o EGO y experimentan sufrimiento.

Otras a pesar de sentir dolor, pueden observar durante el proceso la tremenda belleza que encierra toda transformación.

La diferencia entre ambas formas de experimentar ese proceso viene dada por el lugar en nosotros donde ponemos la atención.

El personaje siempre va a ofrecer resistencia y va a optar por ir posicionándose en el papel de víctima: “esto es demasiado duro” verdugo: “ esto se hace demasiado duro porque mi entorno no me ayuda y sacan lo peor de mi” salvador: “esto es demasiado duro pero me sacrifico por el bienestar de mi familia”.

Desde cualquiera de estas perspectivas lo que prevalece es la atención puesta en la parte de ti que sufre y se resiste al cambio.

Pero hay otro lugar desde el que por mas doloroso que sea lo que experimentas, a la vez es tremendamente hermoso.

Esa parte observa el proceso y las resistencias del ego con amor, paciencia y sabiduría.

Aplicar Amor, paciencia y sabiduría a tu proceso de transformación es: Integrar la comprensión de que toda transformación lleva un proceso, permanecer en paz mientras todo sucede y aceptar e integrar cada paso del proceso aún los mas dolorosos sin etiquetarlos, resistirlos o juzgarlos.

Entonces la vida, independientemente de lo que sientas, vivas o experimentes, no pierde en ningún momento la capacidad de maravillarte con su perfección.

Gemma Pitarch

Estas líneas son esclarecedoras a la par que dolorosas. Todos hemos pasado situaciones en las que hemos sentido el dolor, la ira, el miedo,… y ver la perfección de la vida en ese momento no tenía cabida entre nuestros pensamientos. Lo sé por experiencia.

Entonces cómo lo aplicamos.

Personalmente, sé que es en el día a día donde tenemos que ir “entrenando” esta actitud de “observador”, aprender a ser espectadores de nuestros pensamientos y acciones. Es en las situaciones cotidianas, y más serenas, donde podemos ser capaces de parar, observar y analizar qué pensamos y cómo actuamos.

Después, echar mano de la teoría que más haya resonado en nuestro interior y utilizarla. Por ejemplo, recuerdo los pasos a seguir con la inspiración de la psicología transaccional, que vimos hace ya unos meses y que quedaron reflejados en este post. Os acordáis del P.A.N., el Padre, el Adulto y el Niño que todos llevamos dentro, esas tres resalidades psicológicas que nos gobiernan dando lugar a múltiples opciones.

Pues bien, una fórmula para aplicar esta teoría era:

  • Respirar profundo mientras observamos los pensamientos generados en la situación que estemos viviendo.
  • En esos pensamientos, reconocer a nuestro “niño” herido, las frases quejicosas, fantasiosas, las que contienen la emoción movida en ese momento; reconocer a nuestro “padre” juzgador, esa voz que resuena criticando e imponiendo un paradigma cerrado y obsoleto.
  • Hacernos conscientes de esos pensamientos y discernir, sacar a nuestro “adulto”. Cuestionarnos: qué está sucediendo, cómo me afecta, qué parte de responsabilidad tengo, qué acciones son las que pueden ayudar en este momento ( teniendo en cuenta su repercusión ). A nuestro “niño” y al de los demás, lo calmaremos, es positivo serenar la emoción despertada. A nuestro “padre” y al de los demás le rompreremos los esquemas cuadriculados que suele tener con las preguntas que formulamos desde el “adulto”, las cuestiones que realmente ayudan a continuar el proceso actual.
  • Contar hasta diez, algo muy básico pero esencial para ganar unos segundos de oro y no caer en los automatismos.
  • Si no somos capaces de alcanzar la suficiente serenidad para reconducir la situación, mejor no decir o hacer nada. Siempre que sea posible claro. Reconocer nuestro bloqueo, esperar o pedir ayuda a alguien con la mente más centrada en ese momento puede ser una buena solución.
  • Para poder realizar una toma de decisiones más adecuada en cada situación es primordial tener una escala de valores clara.

Estos puntos es una forma de planteralo, sin mas. Ponerlo en práctica en el día a día puede ayudar a que cuando llegue una situación desbordante seamos más conscientes de qué nos esta pasando y qué podemos hacer.

Para mi ha sido, y es, de gran ayuda en el proceso personal, en el que todavía continúo.

Con la única intención de aportar algo de claridad a tu própio proceso y con la invitación de que lo corrobores por ti mismo antes de darle validez o no, agradezco de corazón la atención que acabas de dedicarme.

Un abrazo

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