Romper la rutina de forma consciente.

Hola cuadrilla!!

Hace unos días emitía en directo por los Stories de Instagram para hablar de mi experiencia con la escoliosis. En vista de la buena acogida que tuvo la charla, y que mucha gente no pudo verla, estoy preparando un post para el blog donde intentaré responder todas las preguntas que se cuestionaron y otras que me habéis hecho a lo largo de todo este tiempo.

Así que estad atentos porque en unos días lo tendréis por aquí.

Aunque hoy quiero hablaros de otra cosa que también surgió en la conversación y que me parece un tema interesante a tener en cuenta y reflexionar cada uno, romper la rutina del día a día, pero de manera consciente.

No es nada que seguramente no se haya nombrado ya, ni siquiera es algo que me acabe de inventar y vaya a solucionar la vida de la gente, pero voy a intentar explicarlo más detalladamente, con ejemplos, para que quede bien claro la importancia que tiene en todos los sentidos.

Todos nacemos, crecemos viviendo diferentes experiencias en la vida y morimos. Esto es algo que si o si va a suceder.

La importancia de todo el trabajo mental que invita a realizar el yoga, el eneagrama, y otras muchas filosofías y teorías psicológicas es que nos hagamos lo más conscientes de cada una de esas situaciones para poder gestionarnos mejor y vivir la vida que nos vaya a tocar de la forma más tranquila posible, evitando en la mayor medida de lo posible el sufrimiento.

Para esto tenemos que conocer lo mejor posible a nuestro cuerpo físico, mental y emocional.

Cuando se comienza realizar el trabajo de observación necesario para mejorar ese autoconocimiento, una de las primeras cosas que nos damos cuenta es en la increíble rutina inconsciente en que vivimos, vamos que funcionamos de forma automática prácticamente todo el tiempo.

La mayor parte del día actuamos prácticamente sin pensar. Damos por hecho que la rutina diaria es la que hemos heredado de nuestros padres, influenciada por la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

No nos cuestionamos el porqué ni el para qué hacemos la inmensa mayoría de acciones que llevamos acabo. Sencillamente lo hacemos porque hay que hacerlo.

Pues bien, imagina que eres capaz de estar con total atención plena las 24 horas de uno de tus días. Que eres realmente consciente de lo que piensas y haces en cada momento.

Crees que acabarías actuando del mismo modo que lo haces habitualmente?

O piensas que acabarías cuestionándote el para qué de muchas cosas y acabaría cambiando actitudes, pensamientos y acciones, teniendo como resultado un día completamente diferente.

La verdad es que si fuéramos capaces de hacerlo, aunque solo fuera un día completo, veríamos lo agotador y revelador que es a la vez!!

En fin, como ejercicio está genial, sin embargo te voy a proponer algo mucho más sencillo, a priori.

Volvemos a ponernos en la situación de que estamos realizando ya ese trabajo de observación mental, para ser más conscientes de cómo somos en el día a día. Realizando esta observación interna, hemos llegado a la conclusión de que nuestra rutina es lineal, predecible, automática.

En todo caso, tan solo interrumpida por picos inesperados, situaciones no previstas que nos rompen los esquemas, generalmente con una tendencia negativa. Te suena? Se parece a tu vida?

Qué pasa cuando una situación inesperada rompe nuestra rutina diaria?

Por lo general nos descoloca, llegando incluso a bloquearnos, haciendo que nuestras respuestas automáticas salten a modo de defensa. Respuestas automáticas sacadas de las grabaciones acumuladas en nuestra mente, incuestionables durante toda nuestra vida y en las que depositamos toda nuestra fe, pensando que si a nuestros antepasados les han funcionado a nosotros también nos servirán, porque la mayoría de razonamientos y formas de hacer “siempre han sido así “, no?.

Por lo general, esos picos inesperados que sobresaltan nuestra rutina terminan pasando, dejando algún aprendizaje en nuestro subconsciente, siendo más o menos conscientes de ello. En el mejor de los casos, el ciclo se cerrará poniendo un punto final a la situación, haciendo que la superemos. Pero en muchas ocasiones el ciclo no llega a cerrarse por completo, dejándonos una herida abierta que nos acompañará el resto de nuestra vida.

La pregunta es, qué podemos hacer nosotros para equilibrar la situación?

Lo primero, seguir trabajando la observación interna, escuchar la voz de nuestra mente. Para poder entendernos, saber nuestras tendencias inconscientes y poder actuar en consecuencia.

Segundo, no podemos evitar esas situaciones inesperadas que rompen nuestros esquemas con una tendencia negativa, pero si podemos crear picos opuestos, situaciones sorprendentes y positivas que equilibrarán la balanza.

Cómo podemos generar estos picos, estas situaciones? Habiéndonos dado cuenta de qué es lo que nos hace falta potenciar nosotros.

Si tan solo nos centramos en realizar actividades que nos gustan, que sabemos que nos gustan, poca sorpresa le vamos a meter a nuestro cuerpo y mente.

Por qué me parece importante que las experiencias creadas conscientemente sean muy diferentes a lo que solemos hacer y ya sabemos que nos gusta? Porque así tendremos la ocasión de observar nuestra reacción ante un estímulo positivo pero desconocido para nosotros.

Y os voy a poner un ejemplo personal.

Realizando el trabajo personal de observación, en el que todavía continúo, he llegado a la conclusión de que tengo una personalidad con tendencia a crear rutinas en las que me siento segura, sin sobresaltos ni rotura de las normas, siendo estas muy limitantes porque si no se puede descontrolar el tema y eso causaría incertidumbre e inseguridad.

Gracias a lo que estudié de la psicología transaccional entendí que se puede decir también que mi “niña” interior está un poco limitada, por diferentes motivos que no vienen a cuento y que tampoco alcanzo a razonar bien todavía.

Y el eneagrama ha despejado la incógnita del eneatipo que me acompañará toda la vida, un 6.

Todo esto muy a groso modo y bajo mi propio entendimiento.

Pues bien, para trabajar ese miedo, esa inseguridad, esa falta de chispa infantil ( que en muchas situaciones está bien tener y más siendo madre), estoy aprendiendo a tomar decisiones yo sola, aprendiendo a dejarme llevar y fluir con cada situación y a confiar más en la vida.

Intentando transformar esos “y si?” con connotación negativa en “y si?” con connotación positiva, porque “qué es lo peor que puede pasar?”, nada que no tenga remedio.

En fin, que desde hace ya tiempo, y habiendo comenzado a realizar estos cambios de forma inconsciente, comencé ( y comenzamos) a vivir experiencias positivas buscadas, el cambio de vehículo para viajar más, el propio curso de formación, a intentar vivir con menos normas ( menos ataduras ) y a aplicar las preguntas que os decía en el párrafo anterior.

El resultado? Libertad! Algún momento de “pánico mental” también, no os voy a engañar, pero aún estando todavía en el proceso ya veo los cambios, el cómo se puede llegar a simplificar todo. Como consecuencia, menos ruido mental, menos sufrimiento innecesario.

Así que una vez comenzada la andadura en el trabajo personal, crear este tipo de vivencias positivas y diferentes a lo que solíamos hacer serán de gran ayuda para potenciar esa observación personal y ver si vamos por buen camino.

Por ejemplo, hace unas semanas acudí con mis chicos a un camino donde hay instalados una serie de aparatos para realizar diferentes ejercicios físicos. La idea era realizar una pequeña secuencia tomando referencias ( tiempo y repeticiones) de cada uno. Pasar un rato juntos y fomentar la actividad física en nuestro hijo.

La cuestión es que llegamos al cuatro ejercicio que consistía en saltar tres postes de madera de poco mas de un metro de altura, como saltando a caballito pero pasándolo. Pues bien, yo subí mentalizada a realizar las pruebas con actitud curiosa y divertida, no era una competición, pero si quería hacerlas todas ya que nunca he sido muy deportista ni he tenido oportunidad de probar ciertos ejercicios. Pero al llegar a este en concreto… no pude… me entró un bloqueo de esos que yo me sé y no hubo forma humana de salir del bucle. Eso si, respiré, hice el amago de probar a saltarlo y me dije a mi misma que acabaré haciéndolo. Todavía quedan cosas por trabaja.

Otra “pequeña aventura” que os puedo contar es que este finde pasado fuimos al Barranco Perdido, en Enciso, La Rioja. Allí pasamos la tarde recorriendo la zona multiaventura con la que cuenta este recinto dedicado a la divulgación de las miles de huellas de dinosaurio que hay repartidas por la zona. Muy recomendable.

Pero a lo que iba, que nunca había realizado un recorrido de este tipo, puentes colgantes, pasarelas hechas con cuerdas y maderas con diferentes enganches y apoyos, que hay que recorrer con arnés de seguridad y cumplimiento ciertos requisitos de estatura y así.

Pues os puedo decir que cuando subí al primer poste pensé “ay! dónde me he metido!”, pero intenté dejar de pensar y me concentré en lo que tenía que hacer, sin más! Me lo pasé pipa y los tres grabamos buenos recuerdos en nuestra memoria, quizá el propósito más importante de todos.

Así que ya veis la importancia que tiene provocar picos positivos en nuestra rutina diaria, hechos de manera consciente, buscando reacciones concretas y aún así observando lo pueda acabar resultando.

Si has llegado hasta aquí, te doy las gracias por haber dedicado tu valioso tiempo a leer estás líneas!!

Un saludo

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